LA CARTA



Las exitosas novelas de suspenso escritas por Julia en aquella terraza, rodeada de árboles y sin más compañía que arena, gaviotas y mar, cobraban un nuevo sentido. Una y mil veces había vivido en su mente la venganza, pero hoy no había ficción. Perpleja, leyó una y otra vez la carta que entró por debajo de su puerta. Durante mas de treinta años fantaseó con volver a tenerlos frente a frente. Había planeado sus asesinatos a la perfección en cada una de las páginas que escribió entre lágrimas de recuerdos y falsas sonrisas de satisfacción. Y ahora, sin buscarlo, ese tiempo había llegado.

"Ayer te vi caminando por nuestra playa..."

Años de terapia psicológica y tratamiento psiquiátrico habían logrado calmar su mente, pero no sus ansias de revancha. Aprendió a vivir con aquel agujero negro que le impidió amar con naturalidad. Utilizó a los hombres para su propio beneficio, aprovechando la insensibilidad afectiva que le dejó el ultraje. Su belleza natural hizo el resto y con cada amante cultivó las artes de la muerte que luego plasmó en sus relatos. Logró identificar puntos débiles y momentos vulnerables, sin llegar a concretarlos. Buscaba causar tanto dolor como el que ella había experimentado.

Y esa noche lo esperó. No lo conocía, no recordaba su rostro, no sabía cuál de ellos podría ser, ni cuándo cruzaría su puerta. Daba lo mismo. Permaneció en la terraza hasta que las sombras cubrieron todo. El cielo negro salpicado de un millón de estrellas y una uña de luna apenas permitían divisar la empalizada y el portón entreabierto que daba acceso desde las dunas. Más allá sólo oscuridad. La casa estaba suficientemente alejada del pueblo de pescadores como para gozar de total tranquilidad, aunque en las noches calmas se podían escuchar voces lejanas y música hasta bien entrada la madrugada.